Entre las consecuencias de la obesidad a corto plazo tenemos la apnea del sueño, los problemas articulares y los problemas menstruales. 

A mediano plazo, la obesidad causa un estado inflamatorio sostenido que va causando problemas en distintos órganos. A largo plazo, la obesidad también causa problemas cardiovasculares, metabólicos, y articulares.

El principal síntoma de la obesidad es el que está a simple vista. Se trata de un aumento de la masa corporal en base a un porcentaje de grasa elevado. 

Sin embargo, más allá de lo obvio y de las tallas extra, las personas con obesidad pueden experimentar una serie de síntomas y signos extra que no esperan mucho tiempo para comenzar a hacerse notar. Otros problemas llevan un poco más de tiempo, mientras que algunos más aparecen cuando el problema de peso o sus causas se han sostenido por mucho tiempo.

Por eso, en este artículo dividiremos las consecuencias de la obesidad en corto plazo (lo que ocurre casi inmediatamente), mediano plazo (lo que ocurre a lo largo de los meses o años), y largo plazo (en lo que finalmente desemboca todo en caso de no cuidar de nuestra salud).

Consecuencias de la obesidad a corto plazo

La obesidad no se hace esperar, con síntomas a los que muchos pacientes se acostumbran con el tiempo. Sin embargo, estos problemas pueden tener consecuencias severas, como verás a continuación. Hablaremos de tres síntomas principales que aparecen en personas con obesidad, incluso si tienen poco tiempo con su condición de salud.

Apnea del sueño

Se trata de una alteración del sueño cuya principal manifestación son los ronquidos. 

Sin embargo, más allá de roncar, los pacientes con apnea del sueño pasan períodos cortos sin respirar mientras están dormidos.

Estos períodos sin respirar vienen seguidos de un ronquido muy estruendoso y a veces despiertan al paciente, causando problemas de sueño y aumentando el riesgo de muerte súbita (1).

Problemas articulares

Por el peso extra que soportan sus articulaciones y el continuo uso que les dan bajo circunstancias extremas, los pacientes con obesidad sufren continuamente de problemas con la articulación de la rodilla, la cadera, y muchas otras.

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Problemas menstruales

Las células de grasa tienen una función hormonal que pocos conocen, y que puede afectar directamente a la función de las hormonas sexuales. 

Es por eso que muchas pacientes refieren problemas menstruales, los cuales pueden estar íntimamente relacionados a su problema de obesidad.

 La obesidad y sus problemas a mediano plazo

La obesidad como trastorno alimenticio ha cobrado cada vez más importancia mientras se han descubierto diferentes problemas asociados a ella. 

En general, estos problemas evolucionan lentamente, y puede identificarse una fase en la cual, a pesar aparentar normalidad, ocurre una serie de cambios en el individuo que van aumentando su riesgo, no solamente cardiovasculares (2).

Diferentes estudios científicos a nivel molecular han demostrado que las personas con sobrepeso y obesidad tienen marcadores inflamatorios alterados.

En otras palabras, están constantemente inflamados a un nivel casi imperceptible.

Esta inflamación, llamada inflamación sistémica porque abarca todos los sistemas y órganos del cuerpo, es una de las más peligrosas. 

Esta es, en realidad, una segunda etapa de la obesidad que constituye problemas a mediano plazo y preparan al obeso para una enfermedad más grave a largo plazo.

En el obeso, mantener a las sustancias inflamatorias del cuerpo activas las 24 horas del día poco a poco comienza a cobrar factura en los tejidos, iniciando por los vasos sanguíneos.

Mientras se realizaban más investigaciones en el área, pudimos darnos cuenta de que la célula de grasa (adipocito) no solamente es un reservorio de energía. 

Es una célula con una gran vacuola o burbuja llena de grasa, pero también cumple varias funciones (3).

El adipocito libera cientos de sustancias al espacio intersticial, y como el panículo adiposo tiene una gran cantidad de vasos sanguíneos, estas sustancias empiezan a circular casi de inmediato por la sangre. 

Mientras más células de grasa, más liberamos este tipo de sustancias a la sangre, y llega un momento en el que la secreción exagerada se convierte en un problema.

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Es por eso que, a vista de muchos médicos, la obesidad ha pasado de ser una condición corporal a convertirse en una verdadera enfermedad inflamatoria y metabólica con un desequilibrio hormonal creciente mientras el problema se hace mayor.

Sin embargo, mientras la comunidad médica decide finalmente dar el visto bueno a incluir la obesidad entre el listado de enfermedades y mientras se crean nuevas especialidades para atenderla, quienes tienen kilos de más no tienen por qué esperar para hacer algo al respecto.

Desde ya, e independientemente de la denominación “enfermedad”, a la obesidad se le considera un factor de riesgo importante para enfermedades adicionales, llamadas también comorbilidades. 

Y es que, igual como la comida que engorda se ofrece en promoción, la obesidad como trastorno alimenticio también viene en pack junto con otras enfermedades.

 La obesidad también viene en pack junto con otras enfermedades a largo plazo (2, 4, 5)

Hemos mencionado el importante rol del adipocito o célula de grasa en el control hormonal del organismo y en la producción de sustancias inflamatorias. 

Además, tiene un importante papel en la generación de energía, el equilibrio entre hambre y saciedad, y el metabolismo de los carbohidratos y de las grasas.

Es por eso que las alteraciones en el adipocito pueden causar una gran cantidad de efectos en cascada, no solo en el metabolismo energético sino a nivel cardiovascular y hormonal.

El exceso de grasa y la multiplicación de los adipocitos trae como resultado una gran variedad de cambios, cada uno con su enfermedad asociada. 

Entre los más importantes tenemos:

  • Al aumentar la inflamación sistémica, se causa un daño continuo al revestimiento interno de los pequeños vasos sanguíneos. Este revestimiento, llamado endotelio, es importante para regular la presión arterial y la salud vascular. Por lo tanto, la obesidad propicia la hipertensión y el descontrol de radicales libres en los vasos sanguíneos.
  • Los radicales libres asociados a la inflamación sistémica provocan algo denominado estrés oxidativo. En otras palabras, se salen de control y comienzan a desestabilizar moléculas y lesionar tejidos en diferentes órganos. Esto condiciona a un daño hepático, renal, e incluso en glándulas como el páncreas, abriendo campo a la diabetes tipo 2.
  • Hay un constante recambio y liberación de ácidos grasos a la sangre, con lo que se propician los desequilibrios de lípidos. En consecuencia, tendremos aumentos del colesterol LDL, en los triglicéridos, e incluso enfermedades asociadas como hígado graso no alcohólico.
  • La unión entre desequilibrio de lípidos, estrés oxidativo e inflamación sistémica propician la formación de placas ateromatosas en las paredes de los vasos sanguíneos. Estas placas constan de partículas LDL oxidadas, una gran cantidad de colesterol, células inflamatorias llamadas macrófagos, y otras partículas que compactan la placa de grasa.
  • La ateroesclerosis es un factor de riesgo cardiovascular importante. Reduce el flujo sanguíneo y la presión de la sangre, tratando de vencer el obstáculo, puede terminar rompiendo la placa ateromatosa. Al romperse, comienza un complejo proceso que termina en la formación de un gran trombo. Esto puede ser la causa de infarto al miocardio y accidente cerebrovascular.
  • Además de las consecuencias a nivel molecular, hay otras a nivel estructural. La obesidad conlleva problemas articulares, sobre todo en la articulación de la cadera y la rodilla, y se asocia a osteopenia y osteoporosis, sobre todo si llevas una vida sedentaria.
  • Ciertas formas de cáncer son más comunes en pacientes con obesidad, entre ellos podríamos listar el cáncer de mamas, páncreas, hígado, próstata, vejiga y riñón.

Si bien es cierto que muchos pacientes con obesidad no tienen estas terribles consecuencias, las estadísticas muestran que la probabilidad es muy alta, y es por eso que constantemente se nos aconsejan dos pilares fundamentales para revertir el problema: la dieta y el ejercicio.

Sin embargo, el control de peso requiere dedicación y un cambio del estilo de vida. Debemos estar dispuestos a vivir de manera saludable, y solo entonces seremos capaces de dar los pasos, aunque tengamos que cambiar muchos hábitos que nos gustan, pero contribuyen a la progresión hacia una futura enfermedad.

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