¿Alguna vez escuchaste hablar sobre índice aterogénico? Cada vez es mayor el interés que tienen los profesionales de la salud en tener más detalles acerca los factores de riesgo que puedan hacer que ciertas personas desarrollen enfermedades definidas, tales como las cardiovasculares.

Y es por esto que, a veces, quedarse únicamente con la información básica proporcionada por los exámenes de laboratorio no es suficiente, teniendo que ir más allá para saber más. Hoy hablaremos sobre El índice aterogénico.

¿Qué es el índice aterogénico?

El índice de riesgo aterogénico, también conocido como índice de Castelli, reúne una serie de fórmulas que relacionan los valores sanguíneos de colesterol total (CT) y fraccionado (LDL y HDL), y triglicéridos (TG) con el riesgo de desarrollar patologías referentes al aparato cardiovascular, las cuales vale la pena recordar están en las primeras posiciones de causas de muerte a nivel mundial.

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¿Para qué sirve el índice aterogénico?

Múltiples estudios y revisiones científicas señalan cómo este índice se ha vuelto un marcador predictivo independiente del riesgo de desarrollar cardiopatías y condiciones relacionadas, lo que proporcionaría mayor información de relevancia médica, dando valores predictivos mucho más fiables que los basados únicamente en los valores no relacionados entre sí.

¿Cuándo hay riesgo aterogénico?

Se puede decir que una persona tiene riesgo aterogénico cuando esta presenta diversas alteraciones a nivel orgánico capaces de promover el depósito e infiltración de grasas en el interior de las paredes de las arterias, lo que posteriormente conllevaría a la formación de una placa calcificada, convirtiendo al vaso sanguíneo en uno menos elástico y más rígido.

Algunos de estos factores de riesgo incluyen obesidad, hipertensión arterial, alteraciones en el perfil lipídico, diabetes mellitus tipo 2, entre otros.

¿Cómo se calcula el índice aterogénico?

Para conocer el índice de riesgo aterogénico se pueden usar 3 fórmulas, cada una con sus valores para hombres y mujeres. Estas toman en cuenta y relacionan entre sí los valores en sangre del colesterol total y fraccionado, así como el de los triglicéridos, siendo todos estos marcadores que representan el estado lipídico de una persona.

 

Tabla de Índice Aterogénico

Índice aterogénico 1 y 2.

Para calcular este índice, se utilizan principalmente las fórmulas de Castelli I y II, donde la primera señala el riesgo aterogénico relacionando el colesterol total con el colesterol HDL, y la segunda relaciona el colesterol LDL con el HDL.

Índice aterogénico normal:

Se dice que este índice es normal cuando los valores de Castelli I están entre 5 y 3,5, en hombres, y entre 4,5 y 3, en mujeres, y los de Castelli II se encuentran entre 3,5 y 2,5, en hombres, y entre 3 y 2, en mujeres.

Índice aterogénico bajo:

El índice es bajo cuando los valores de Castelli I están por debajo de 3,5, en hombres, y por debajo de 3, en mujeres, y los de Castelli II cuando estos bajan de 2,5, en hombres, y de 2, en mujeres.

Índice aterogénico alto:

Hay riesgo aterogénico cuando los valores de Castelli I están por encima de 5, en hombres, y de 4,5, en mujeres, y cuando los de Castelli II están por encima de 3,5, en hombres, y de 3, en mujeres.

Además, existe otro índice aterogénico, el índice de triglicéridos (TG/HDL), que señala riesgo de condiciones aterogénicas en valores por encima de 3,75, en hombres, y de 3, en mujeres.

Video sobre la importancia del índice aterogénico

Índice aterogénico: Conclusiones.

Lo que dan a entender estos valores de referencia es que personas con colesterol total, colesterol LDL y triglicéridos por encima de sus límites máximos y con niveles bajos de colesterol HDL presentarían unos índices aterogénicos alterados. Mientras que, si pasara lo contrario, este índice de aterogenicidad saldría negativo.

Dicho esto, si se quisiera mejorar este índice, los objetivos deberían ir apuntados a disminuir los niveles de colesterol total, colesterol LDL y triglicéridos, así como aumentar los del colesterol HDL.

Esto, en parte, podría lograrse manteniendo una dieta saludable basada en cereales integrales, con altos niveles de fibra dietética, proteínas de alto valor biológico, dándole predominancia a las de origen vegetal, grasas saludables, dándole cabida a las mono y poliinsaturadas, incluyendo abundantes frutas y verduras.

El apoyarse en suplementos nutricionales que ayuden a controlar el perfil lipídico también es válido, estando los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 entre las mejores opciones para lograr este cometido, gracias a sus potentes beneficios antiinflamatorios y anti-aterogénicos.

Aparte la influencia de la dieta, cuidar el peso corporal, evitando el sobrepeso y la obesidad, alejarse del estilo de vida sedentario, practicando ejercicio físico regular, y evitar el consumo de tabaco y alcohol son factores a tomar en cuenta si se quiere mejorar en gran medida este índice aterogénico.

 
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