El Omega-3 y sus potentes efectos antiinflamatorios

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omega 3 antiinflamatorio

El organismo humano presenta constantes eventos inflamatorios que poco a poco repercuten negativamente en la funcionalidad de los órganos y sistemas.

Al ser un componente fundamental de muchas estructuras orgánicas, los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 son capaces de modular los procesos inflamatorios de la forma correcta.

El cuerpo humano tiene la capacidad de responder y actuar cuando se enfrenta a ciertas situaciones de estrés como ataques infecciosos por parte de virus, bacterias o parásitos, aumento de toxicidad por la presencia de un agente externo, desbalance de ciertos elementos corporales, entre otras.

Sin embargo, a veces, el organismo se excede en su comportamiento y en vez de solucionar la problemática, la perjudica aún más.

Este es el caso de la inflamación. Este fenómeno se da en búsqueda de la eliminación del agente nocivo para la salud. Pero en la mayoría de los casos, el proceso inflamatorio se perpetúa en el tiempo, llegando a producir muchas de las patologías que se conocen actualmente tales como la DM tipo 2, cardiopatías, enfermedades autoinmunes, algunos tipos de cáncer, entre otras.

La cultura medicinal actual va erróneamente dirigida a tratar solamente los signos y síntomas producidos por la inflamación: dolor, rubor, calor y tumor principalmente.

Sin embargo, el hecho que estos desaparezcan no quiere decir que la inflamación silente, la verdadera causante de todos los males, lo haga también.

La inflamación debe entenderse no como un proceso agudo, sino más bien como un proceso que tarda años en desarrollarse, perjudicando poco a poco todas las estructuras adyacentes a él desde el interior hasta reflejarse en alguna de las patologías mencionadas anteriormente.

Si bien la conducta médica actual está dirigida a tratar el evidente proceso inflamatorio por medio de medicamentos como los AINES, corticoesteroides, inhibidores de la COX-2, la aspirina, entre otros, expertos opinan que tanto este proceso como el silente deben entenderse y mejorarse a través de una correcta nutrición que ayude a balancear la situación.

Hoy día, numerosos estudios se centran en la capacidad que tienen los ácidos grasos Omega-3 en restaurar este balance interno, combatiendo especialmente esa inflamación silente que tanto perjudica al cuerpo humano.

En este post se desarrollarán las razones por la cual es necesario y beneficioso mantener una dieta y/o suplementación a base de este elemento graso para así poder llegar a tener un estado de salud óptimo.

Tabla de Contenido
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    Ácidos grasos poliinsaturados y el origen de los eicosanoides

     

    Dentro del proceso inflamatorio, los eicosanoides tienen un rol muy importante funcionando tanto como agentes pro-inflamatorios como antiinflamatorios.

      Beneficios del Omega 3 para el corazón y la salud cardiovascular

    Estos deben su origen a los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6 que se encuentran en el organismo, los cuales son incluidos gracias a la dieta o la suplementación regular.

    El Omega-6 da paso al ácido araquidónico (AA), de donde derivan las prostaglandinas de la serie 2, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 4 (LTB4), quienes son importantes agentes pro-inflamatorios. También da paso al ácido dihomo-gamma linolénico (DGLA), de donde derivan las prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos de la serie 1, quienes ejercen potentes acciones antiinflamatorias.

    Por otro lado, el Omega-3 da paso al ácido eicosapentaenoico (EPA), quien forma las prostaglandinas de la serie 3, y los tromboxanos y leucotrienos de la serie 5, los cuales tienen propiedades antiinflamatorias y son los encargados de modular el comportamiento de los dos anteriores agentes y encontrar el balance perfecto entre ellos (1, 2, 3, 4).

     La acción de los ácidos grasos Omega-3 en las enzimas reguladoras

     

    El paso de los ácidos grasos poliinsaturados a eicosanoides se da a través ciertas enzimas reguladores como son la delta-6-desaturasa (D6D) y la delta-5-desaturasa (D5D). Esta última se activa en presencia de insulina y es la encargada de transformar al DGLA en AA, aumentando los niveles de eicosanoides pro-inflamatorios.

    El EPA es capaz de inhibir esta enzima, aumentando los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

    Por otro lado, la enzima D6D es la encargada de transformar al ácido linoleico en ácido gamma linolénico, precursor directo del DGLA. Esta es inhibida en presencia de ácidos grasos DHA, disminuyendo los niveles de DGLA y de eicosanoides antiinflamatorios.

    Los medicamentos actuales utilizadas para combatir el proceso inflamatorio se basan en estas enzimas, sin embargo, el efecto de una correcta nutrición es superior y más beneficioso (2, 3, 4).

     Conseguir el balance correcto entre ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 y 6

     

    No hay que considerar estos elementos como uno más que el otro, o uno perjudicial y el otro beneficioso, sino como dos elementos que necesitan estar en un perfecto balance para que al mismo tiempo que se incrementen sus propiedades antiinflamatorias y se reduzcan las pro-inflamatorias, también puedan seguir realizándose otras funciones donde estos elementos grasos participan como la coagulación sanguínea o la defensa inmune sin problema alguno (2, 3, 4).

    Numerosos estudios demuestran que la inclusión balanceada de ácidos grasos Omega-3 y 6 a través de la dieta o de la suplementación produce óptimos niveles de salud.

    Ejemplo de esto son ciertas poblaciones japonesas, las cuales poseen una dieta rica en aceites de pescado y vegetales que las hace unas de las poblaciones más longevas y sanas a nivel mundial (5, 6, 7, 8).

     El Omega-3 y sus otros mecanismos antiinflamatorios

     

    A pesar que los efectos beneficiosos desarrollados anteriormente son bastante importantes para obtener un estado óptimo de salud, los ácidos grasos Omega-3 poseen otros mecanismos muy bien estudiados tales como (2, 3, 9, 10):

    • La inhibición de la quimiotaxis leucocitaria y la adhesión molecular.
    • La reducción en la producción de citoquinas pro-inflamatorias (principalmente TNF-α, IL-6, IL-1β e IL-8).
    • La reducción en la activación de receptores toll como el TLR-4 y del factor nuclear kappaB, encargado de la transcripción de elementos que causan la expresión de varias proteínas pro-inflamatorias.
    • La alteración en la concentración de ácidos grasos de la membrana fosfolipídica.
    • La inhibición de ciertos canales de calcio celulares.

     Lo más reciente en cuanto a los efectos antiinflamatorios de los ácidos grasos Omega-3

     

    Recientemente, se han descubierto nuevas moléculas pertenecientes a la familia de los eicosanoides llamadas resolvinas, protectinas y maresinas, las cuales tendrían un rol importante en la acción antiinflamatoria e inmunorreguladora del Omega-3 al ser mediadores químicos que favorecen la resolución inflamatoria.

    El EPA da lugar a las resolvinas de la serie E, mientras que el DHA produce resolvinas de la serie D y la protectina D1. Se presta tanta atención a estas moléculas que uno de los principios de la aspirina, el ácido acetilsalicílico, se basa en ellas (2, 3, 9, 11, 12, 13).

    En el año 2010, investigadores de la Escuela de Medicina de San Diego, California, identificaron uno de los mecanismos moleculares que hace del Omega-3 uno de los elementos más eficaces para reducir la inflamación crónica y la resistencia a la insulina.

    Se trata de la modulación del receptor GPR120, el cual se encuentra comúnmente localizado en la superficie de los macrófagos de la grasa corporal de personas obesas, asociándolas a estados recurrentes de inflamación. Cuando el receptor viene desactivado, estas células especializadas en la defensa del organismo producen una gran cantidad de elementos pro-inflamatorios.

    En cambio, cuando el receptor es activado por el Omega-3, los efectos antiinflamatorios resultantes son potentes (14).

    Tomando en cuenta lo anterior expuesto, hoy día, la resolución de la inflamación es considerada un proceso activo, en vez de uno pasivo.

    El Omega-3 es un nutriente clave para la salud del ser humano y mantener niveles adecuados favorece al organismo y mejora su desenvolvimiento al regular muchos procesos inflamatorios tal y como hemos visto en este post.

    Dicho esto, te invito a que sigas informándote pero ya te anticipo que será interesante que los tengas en cuenta y, seguramente, muy positivo el que te plantees la inclusión de los mismos en tu día a día a través de la suplementación, eso sí, siempre que previamente te hayas asegurado que lo que vas a tomar se trata de un suplemento de calidad.

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