El Omega 3 en la época del Covid-19

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on telegram
omega 3 y covid 19

Dada la gravedad de la sintomatología generada por el COVID-19 en algunos casos, se vuelve fundamental encontrar opciones terapéuticas válidas para manejar este cuadro de la mejor manera posible.

Recientemente, el Omega-3 ha sido considerado un posible coadyuvante en la prevención y el tratamiento de la sintomatología generada por el COVID-19 debido principalmente a sus propiedades antiinflamatorias.

Debido a los recientes eventos relacionados con el COVID-19, enfermedad producida por el Coronavirus SARS-CoV-2, es lógico saber que, con cada día que pasa, miles y miles de científicos a nivel mundial pasan días y noches en busca de soluciones para detener el avance de la actual pandemia.

Desde la administración de medicamentos antimaláricos y antibióticos a tratamientos antivirales usados en otras patologías como el SIDA y otros tipos de infecciones respiratorias de origen viral, o bien desde tratamientos puramente antiinflamatorios a la administración de suplementación a base de vitaminas y minerales, tales como vitamina C y zinc, respectivamente, la terapéutica de esta enfermedad ha evolucionado mucho, dejando sólo posibles opciones, más no un tratamiento claro y definido a seguir.

Se trae esto a colación ya que, recientemente, expertos en materia han propuesto al Omega-3 como un posible suplemento coadyuvante en la prevención y el tratamiento de la sintomatología generada por el virus responsable del COVID-19, gracias a sus múltiples beneficios para la salud del ser humano actual (1).

Sabemos que hay que tener cuidado con las cosas que se dicen en cuanto al uso de suplementos nutricionales para el manejo de ciertas enfermedades y especialmente en esta época, donde cada día aparece un nuevo personaje asegurando tener la cura definitiva para el COVID-19.

Estamos claros que los ácidos grasos Omega-3 no son una panacea; sin embargo, la verdad es que estos son capaces de proporcionar muchos efectos beneficiosos si se usan de la manera correcta.

Por esta razón, el objetivo de este post es hacer saber los mecanismos con los cuales este nutriente podría mejorar la situación actual del COVID-19 y también protegernos de patologías similares en el futuro. Dicho esto, se explicarán estos mecanismos en tres niveles distintos para una mayor comprensión.

Los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3, como el nombre lo indica, son grasas que contienen varios dobles enlaces en su estructura. Están ampliamente distribuidos en la naturaleza, siendo elementos esenciales del metabolismo lipídico y jugando un rol muy importante en la dieta y fisiología humana.

Los tres tipos de ácidos grasos Omega-3 que tienen un papel en el organismo humano incluyen al ácido α-linolénico (ALA), encontrado en aceites vegetales, al ácido eicosapentaenoico (EPA) y al ácido docosahexaenoico (DHA), encontrados en aceites de origen marino.

Este suplemento es una parte indispensable en la lucha contra los procesos inflamatorios que tanto degeneran al ser humano, especialmente aquellos procesos que, de manera silente, se mantienen sin mostrar sintomatología alguna, pero provocando un daño enorme.

Y es este mismo el primer mecanismo que queremos explicar, ya que el cuerpo humano tiene la capacidad de responder y actuar mediante la inflamación cuando se enfrenta a ciertas situaciones de estrés como, por ejemplo, las infecciones virales, pudiendo salirse de control al producir respuestas inflamatorias exageradas que hacen más daño que bien.

  El Omega-3 y sus beneficios para la piel

El Omega-3 da paso a potentes eicosanoides reguladores de la inflamación, formando prostaglandinas de la serie 3, tromboxanos, leucotrienos de la serie 5, etc., los cuales tienen propiedades antiinflamatorias, siendo también los encargados de modular el comportamiento de otros agentes pro-inflamatorios, encontrando el balance perfecto entre ellos (2, 3).

A nivel inmunológico, los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 poseen otros mecanismos que explicarían su rol modulador en las reacciones inmunes presentadas ante ciertas infecciones o afecciones relacionadas, tales como (4, 5):

  • La inhibición de la quimiotaxis leucocitaria y adhesión molecular.
  • La reducción en la producción de citoquinas pro-inflamatorias, principalmente TNF-α, IL-6, IL-1β e IL-8.
  • La reducción en la activación de receptores toll como el TLR-4 y del factor nuclear kappaB, encargado de la transcripción de elementos que causan la expresión de varias proteínas pro-inflamatorias.
  • La alteración en la concentración de ácidos grasos de la membrana fosfolipídica.
  • La inhibición de ciertos canales de calcio celulares.

Además de los anteriores efectos beneficiosos, los cuales son bastante importantes para obtener un estado óptimo de salud, recientemente, se han descubierto nuevas moléculas pertenecientes a la familia de los eicosanoides llamadas resolvinas, protectinas y maresinas, las cuales tendrían un rol importante en la acción antiinflamatoria e inmunorreguladora del Omega-3 al ser mediadores químicos que favorecen la resolución inflamatoria (6, 7, 8).

En este aspecto, el EPA daría lugar a las resolvinas de la serie E, mientras que el DHA produciría resolvinas de la serie D y la protectina D1. Se presta tanta atención a estas moléculas que uno de los principios de la aspirina, el ácido acetilsalicílico, se basa en ellas.

Aparte, el Omega-3 es capaz de modular el comportamiento de un receptor comúnmente localizado en la superficie de los macrófagos de la grasa corporal de personas obesas, el receptor GPR120, el cual está asociado a estados recurrentes de inflamación. Cuando este viene desactivado, los macrófagos producen una gran cantidad de elementos pro-inflamatorios. En cambio, cuando el receptor es activado por el Omega-3, los efectos antiinflamatorios resultantes son potentes (9).

Ahora bien, hasta ahora hemos desarrollado los beneficios antiinflamatorios e inmunológicos de este nutriente a nivel general; sin embargo, este también podría proporcionar efectos directos a nivel antiviral.

A continuación, presentaremos una serie de estudios que confirman la relación estrecha entre los lípidos, los ácidos grasos Omega-3 y los virus, señalando también algunos aspectos relacionados al COVID-19:

  • Se sabe mucho acerca de la interacción entre los virus y los ácidos nucleicos y las proteínas, pero no tanto acerca de la que tienen con los lípidos. Los virus tienen que cruzar las membranas celulares para poder entrar y salir de las células, aparte que pueden tomar porciones lipídicas para crear su envoltura. Se ha descubierto que las alteraciones de la composición lipídica de estas membranas pueden bloquear la liberación y la entrada de los virus, y que ciertos lípidos actúan como inhibidores de la fusión, lo que sugiere un potencial como drogas antivirales (10, 11, 12).

 

  • La evidencia acumulada sugiere que la sintomatología producida por el SARS-CoV-2 podría ser causada por el desarrollo de un síndrome de tormenta de citoquinas. Estudios han recomendado la identificación y el tratamiento de la hiperinflamación evidenciada utilizando terapias existentes y aprobadas con perfiles de seguridad comprobados para abordar la necesidad inmediata de reducir el aumento de la morbimortalidad (13).

 

  • La obesidad general se ha establecido recientemente como un factor de riesgo independiente para COVID-19. El papel de la distribución de la grasa y especialmente la de la grasa visceral, que a menudo se asocia con el síndrome metabólico, tendría relación con múltiples mecanismos pro-inflamatorios capaces de agravar el establecimiento de la enfermedad. De aquí la importancia en hacer de este aspecto una parte importante del manejo de dicha patología (14).

 

  • La lesión pulmonar aguda, factor existente en el COVID-19, es una afección grave con una alta tasa de mortalidad. Recientemente, se informó que la maresina 1 (MaR1) regula las respuestas inflamatorias. Un estudio utilizó un modelo de lesión pulmonar aguda inducida por lipopolisacáridos en ratones para determinar si este tipo de maresina podía mitigar dicha lesión, encontrando que esta molécula inhibía significativamente la afección al restaurar la oxigenación, atenuar el edema pulmonar y mitigar los cambios histopatológicos relacionados con el evento (15).

 

  • Un estudio demostró que la protectina D1 (PD1), derivada del Omega-3, atenuó la replicación de un tipo de virus de la influenza a través de la maquinaria de exportación de ARN. Es importante señalar que el tratamiento con PD1 mejoró la afección grave y la supervivencia en los ratones estudiados, incluso en condiciones en las que los medicamentos antivirales conocidos no protegen de la muerte. Estos resultados identifican al mediador lipídico endógeno PD1 como un supresor innato de la replicación del virus de la influenza, protegiendo al individuo contra la infección letal producida por este virus (16).

Habiendo señalando los mecanismos anteriores, se entiende que no sólo los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3, sino también otro tipo de lípidos, son capaces de proporcionar potentes beneficios para la salud del ser humano a distintos niveles si son usados de la manera correcta.

Con respecto a sus aportes en el caso del COVID-19, se han descubierto vías por donde este nutriente sería capaz de controlar la aparición y desenvolvimiento de la enfermedad; sin embargo, se necesitan muchos más estudios para verificar si en verdad el Omega-3 podría administrarse como parte del tratamiento de dicha patología.

  Omega 3 y sus beneficios en enfermedades metabólicas

Repitiendo lo anterior dicho, no consideramos a estos ácidos grasos como una panacea, pero tampoco hacemos caso omiso de los efectos beneficiosos que podría proporcionar en la batalla contra el COVID-19, esperando ser capaces, algún día, de otorgarle a la comunidad científica otra opción terapéutica que alivie la complicada época que estamos viviendo.

Suscríbete a nuestro Canal, es GRATIS

Aprende cómo mejorar tu salud a través de la nutrición y los suplementos que han demostrado, a partir de la evidencia científica y la experiencia clínica, su eficacia en las últimas décadas.

Si te pareció interesante este post, estos también te van a gustar:

Productos Recomendados del Marketplace

Ir arriba