El Omega-3 en la salud mental de niños y adolescentes

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omega 3 para niños y adolescentes

Los cambios físicos que ocurren en la infancia y adolescencia son bastante drásticos. Sin embargo, los mentales pueden ser aún más importantes, pudiendo verse afectados en ciertos casos especiales.

La mejoría de estas afecciones puede ser promovida por una nutrición rica en ácidos grasos poliinsaturados Omega-3.

Ya es bien sabido lo importante que es incluir este elemento en la dieta diaria del ser humano actual. Esto ha sido respaldado desde hace muchos años por una serie de estudios científicos, los cuales han demostrado sus beneficios positivos en ciertas enfermedades que afectan la esfera mental.

La literatura principalmente habla acerca de estos trastornos y desórdenes en los adultos; sin embargo, hay una gran serie de información referente a niños y adolescentes.

Los ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 continúan obteniendo resultados fieles y aprobados por científicos y expertos en la materia, los cuales creen que este elemento debería tener un rol mucho más reconocido del que tiene actualmente en muchos de los tratamientos de patologías que afectan la salud mental y todo lo que esta representa.

Con este artículo se pretenden señalar los beneficios que posee la inclusión del Omega-3 en la nutrición cotidiana, utilizando estudios y revisiones bibliográficas que reflejan la verdadera importancia que tiene este elemento en la protección y preservación de la esfera mental de niños y adolescentes, para que puedan tener una vida lo más normal posible.

Tabla de Contenido
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    El Omega-3 mejora los trastornas de comportamiento y aprendizaje en niños

     

    Cada día hay más evidencia acerca de la relación positiva que tiene el Omega-3 con la salud mental, teniendo en cuenta las importantes funciones fisiológicas del EPA y DHA.

    El ácido graso DHA es conocido como uno de los principales componentes de las membranas neuronales, mientras que el EPA posee importantes funciones biológicas capaces de afectar la actividad neuronal.

    Claramente, la alteración de los niveles de estos elementos afectará el comportamiento neuronal y mental del individuo que los padezca.

    Múltiples trabajos demuestran lo anteriormente señalado tomando en cuenta patologías como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) (1, 2, 3, 4).

    Un estudio publicado en el año 2009 en la revista “Pediatrics Child Health” tomó como participantes a 37 niños de 6 a 11 años de edad afectados con TDAH, administrandoles, dependiendo del peso corporal, de 1 a 4 pastillas de 250 mg de EPA y 100 mg de DHA cada una diariamente por 16 semanas (5).

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    Esta suplementación mantuvo controlados los síntomas de TDAH, sin generar efectos adversos.

    Otro estudio se llevó a cabo en el 2010, administrando 0,5 g de EPA o un placebo por 15 semanas a 92 niños de entre 7 y 12 años de edad con TDAH. 

    Al finalizar, se evidenció la mejoría clínica de los pacientes al incrementar los niveles sanguíneos de EPA y reducir los de Omega-6. Resultados similares se obtuvieron en otros trabajos (6, 7, 8).

    Otro estudio también asoció la suplementación de Omega-3 a niños afectos de dispraxia, patología que además del déficit motor, genera dificultades en el aprendizaje, comportamiento y balance psicosocial, persistiendo en el adulto (9).

    En este, 117 niños con la condición fueron tratados con Omega-3 y 6 por un total de 6 meses, consiguiendo significativas mejorías en la lectura, deletreo y comportamiento.

    De la misma forma, otros científicos consiguieron resultados similares incluir el Omega-3 en la nutrición de 20 niños con dislexia (10).

     El uso del Omega-3 en el tratamiento del autismo

     

    Hay evidencia bibliográfica que señala la relación que tienen los niveles sanguíneos de ácidos grasos Omega-3 con la presencia de condiciones médicas localizadas en el espectro autista.

    Niveles bajos de este elemento se han evidenciado en niños autistas, demostrando una vez más el importante rol de la nutrición en este tipo de pacientes. Diversos trabajos demuestran estos hechos (11, 12, 13).

    Con respecto al comportamiento agresivo en los niños, expertos japoneses realizaron un estudio utilizando 166 niños de entre 9 y 12 años de edad con ataques de agresividad. Durante 3 meses se les administró aceite de pescado junto a las comidas obteniendo una ingesta de 3600 mg de DHA y 840 mg de EPA a la semana, evidenciando reducciones en los síntomas de agresividad, especialmente en las niñas (14).

    En febrero de 2007, se publicó un trabajo en la revista “Biological Psychiatry” en donde se les administraron dosis de 1,5 g de Omega-3 al día por 6 semanas a 13 niños de entre 5 y 17 años con desórdenes autísticos caracterizados por severos episodios de rabietas, agresión y comportamiento auto-agresivo (15).

    Los resultados proporcionaron evidencia que la suplementación con Omega-3 podría ser efectiva en el tratamiento de niños con autismo.

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     Los ácidos Omega-3 son capaces de regular los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes

     

    Los efectos terapéuticos del Omega-3 en los desórdenes de ansiedad han sido reflejados en la literatura desde hace muchos años.

    En el 2015, un estudio publicado en el “Journal of Child and Adolescent Psychopharmacology” evaluó la administración de suplementación con este elemento en una niña diagnosticada con desorden bipolar tipo 1 con características psicóticas y desorden de ansiedad generalizado (16).

    Para obtener los resultados, la niña estuvo 3 años con pre-suplementación, para luego ser sujeta a 2 años de suplementación con 1000 mg de Omega-3 (647 mg de EPA y 253 mg de DHA) y 1000 UI de vitamina D3 en la mañana, y 1500 mg de Omega-3 (540 mg de EPA, 360 mg de DHA y otros aceites de pescado) en la tarde, sin cambiar su tratamiento convencional.

    Al final del periodo de estudio se evidenciaron significativas mejorías de los síntomas psicóticos y de ansiedad.

    Otros estudios se han realizado para demostrar los beneficios del Omega-3 en este tipo de trastornos psiquiátricos, obteniendo resultados asombrosos (17, 18, 19).

    No se puede estar más de acuerdo en que el ser humano actual necesita incluir regularmente en su nutrición al Omega-3, ya sea a través de la dieta o de suplementación.

    Teniendo claro que el Omega-3 es un suplemento clave para los niños, el siguiente paso es elegir el adecuado, porque no todos valen, debes exigir que cumpla estrictos controles de calidad y cumpla con los estándares establecidos por la OMS y el CRN para que sea un producto de total garantía para la salud de tu hijo ó hija.

    También es importante recomendar no superar la dosis máxima de 3 g al día, mencionada en gran parte de la bibliografía que existe actualmente. Dicho esto, si se deciden consumir dosis de Omega-3 superiores, lo mejor sería buscar apoyo profesional en todo momento para evitar posibles complicaciones.

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